Dos elefantes bañándose en una laguna con sus cuidadores encima

Santuario de elefantes Kuala Gandah

Durante el tercer día que pasamos en Cameron Highland, fuimos a visitar un santuario de elefantes.

Era una experiencia que nos hacía muchísima ilusión porque somos muy amantes de los animales y en concreto muy mucho de estos cuadrúpedos. Además, estamos totalmente en contra de cualquier tipo de zoo o atracción turística que se le parezca, con lo cual es complicadísimo poder ver este tipo de animales de cerca.

El santuario Kuala Gandah, se dedica a proporcionarles un nuevo hogar a los elefantes malayos que han sido desahuciados de su hábitat por culpa de las masivas plantaciones de palma. También acogen a crías de elefantes que han sido repudiadas por sus manadas por haber nacido con algún tipo de discapacidad. Todo esto te lo cuentan en un video explicativo al llegar y aunque es un poco duro ver el proceso que se lleva a cabo para rescatarlos, para los que somos unos sensiblones con el tema animal es muy bonito ver el resultado final.

Cuidador dando un biberón gigante a un bebé elefante

Tienen una zona donde están los elefantes bebés, que no tienen mamá, aunque no por eso están desatendidos, porque los cuidan con un cariño y un amor que ya quisieran otros. Los visitantes más valientes pudimos darles de comer palitos de bambú y papaya, que son como chuches para ellos. Era una sensación genial notar sus trompitas olisqueándote la mano, o lo que pillasen, buscando sus golosinas.

Otra zona del santuario solo se podía visitar con un guía especializado al tratarse del área reservada a los elefantes adultos y salvajes. Porque ahí donde los veis tan adorables, con sus orejotas y sus cuatro pelos en el cabezorro, tienen una  mala leche importante  y más todavía si osas entrar en sus dominios.

Elefantes en libertad a lo lejos entre arboles

Pero aún así nosotros, que somos unos descerebrados, entramos por nuestra cuenta… y a la segunda caquita gigante de elefante que nos encontramos, nos dimos cuenta del peligro real y nos fuimos por donde habíamos venido pero, mas deprisa.

Fuimos a comer en el único restaurante que hay y a pesar de que el menú no es muy variado, la comida es muy buena.

Después del parón para comer, estuvimos viendo como un par de elefantes se daban un baño refrescante en una super charca. Alucinamos viendo como disfrutan con el agua. Nadan, juegan, se tiran agua con las trompas… era como ver el baño de un par de críos.

Dos elefantes bañándose en una laguna

Al entrar en el santuario, le pedimos a uno de los cuidadores si podía tocar algún elefante con el rollo de ser ciega y eso… ya sabéis que quien no llora no mama. La respuesta a nuestra petición fue un “no” bastante tajante porque no podían hacer ninguna excepción con ningún visitante. Por eso la sorpresa fue enorme cuando apuntito de irnos, vino este mismo cuidador, corriendo para decirme que había preparado un elefante para que lo tocase a mis anchas. Casi lloro de emoción, lo prometo. Bravo por este señor. Su empatía y por dejarme cumplir un sueño.

El tacto rugoso de la piel del elefante era tal y como lo había imaginado. Son animales preciosos y muy curiosos. ¡Vaya repaso me dió con la trompa!

Aprovechamos para preguntarle unas cuantas cosas al cuidador. Nos contó que el santuario abría al público para poder mantenerse económicamente, que por cierto la entrada cuesta la voluntad de cada uno. El dinero del restaurante también va destinado a esta causa.

Laura dando de comer bambú a un elefante

En definitiva, el santuario Kuala Gandah, es un lugar maravilloso, lleno de gente estupenda y de elefantes espectaculares y felices. Si váis por Cameron Highland y queréis colaborar con este sitio tan especial, no lo dudéis. Merece mucho la pena.

Nos leemos en nuestra siguiente aventura. ¡Un nuni-abrazo!,

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