Panorámica del interior del templo, con estatus enormes de dioses budistas de oro. Laura y Nuria observandolas

Malasia dia 3 y 4: Cameron highlands

Buenas viajeris del mundo:

Como cada domingo venimos con un post nuevo. Esta vez con uno refrescante, ya que nos dirigimos a la parte más fresquita de Malasia, las montañas Cameron Highlands. Son unas montañas situadas en la parte central de la península malaya, algunos picos alcanzan los 2000m de altitud con lo que es un lugar ideal para escapar de la humedad y el calor sofocante del resto del país.

Montañas de Cameron Highland con niebla y mucha vegetación

Nosotros pasamos tres días completos allí. En un principio pensamos en acampar en uno de los campings de la zona, pero viendo el pronóstico del tiempo y la buena oferta de los hostales, decidimos alojarnos en
Tanah Rata, un pueblito pequeño pero con una amplia oferta de rutas de trekking y de visitas turísticas cercanas.

Montañas de té entre niebla

En este viaje todo nos resultó mucho más sencillo ya que íbamos en el coche de Ahmad y Nuria, nuestros fabulosos anfitriones. Así que podíamos ir parando por el camino para desayunar, bañarnos en una cascada o tocar las hojas gigantes de los árboles que ocupan cada centímetro del paisaje. Lo malo fué ir viendo por la carretera un montón de perros salvajes, desnutridos y atropellados, una penita.

Cascada natural

Lo más impactante de todo son las miles de hectáreas de té que cubrían los valles de la zona, de un verde de ciencia ficción increíble. La planta del té, en sí, no tiene ningún encanto, pero toda una montaña plantada con estos arbustos, medio cubierta por la niebla es surrealista y disfrutar de una taza de té en un mirador, con un trozo de tarta de fresas autóctonas ya es legendario.

Campos de té de diferentes tonos verdes

Se pueden contratar rutas guiadas por los campos de té en la calle principal del pueblo, al igual que para visitar las plantaciones de fresas o cultivos de miel, pero nosotros decidimos ir por libre.

Plantación de fresas

Dos tartas de fresa y una de mora en una mesa con una tetera
.
La primera noche celebramos el fin del ramadán con una cena en la montaña, una barbacoa rica, rica hecha por nuestro chef y anfitrión.Estuvimos disfrutando de la noche en la orilla del río, sentados en unos troncos y formando parte del ambiente festivo con otras familias de la zona.

El segundo día paseamos por las plantaciones de té, visitamos una fábrica de productos hechos con fresas de las plantaciones locales, donde comimos unos helados de hielo de fresas naturales que derretían hasta el alma de lo brutales que estaban.  Por último visitamos una fábrica de miel, donde pudimos ver diferentes panales, probar varios tipos de miel y comprar tarros para traernos a nuestro nido.

Laura y David comiendo helados de fresa natural en la fábrica de productos de fresas

Entre fábrica y fábrica encontramos un templo budista super bonito, rodeado de vegetación y alejado de las zonas más concurridas. Entramos con mucha cautela, ya que era el primer templo budista que pisábamos en nuestra vida y no sabíamos muy bien cómo actuar. Nos dimos una vuelta admirando y tocando las estatuas, los lugares de ofrendas y volvimos a tener muchísima suerte, pudimos presenciar un ritual budista de principio a fin, una pasada, super relajante los cantos y los sonidos.

Panorámica del interior del templo, con estatuas enormes de dioses budistas de oro. Laura y Nuria observandolas

Esa noche cenamos en uno de mis restaurantes favoritos de todo el viaje, un pequeño local, indio, humilde llamado Suria, situado al lado de nuestro hostal, donde preparaban el pollo a la miel más espectacular del mundo. Si vais a Tanah Rata, buscadlo y derretios de gusto.
Nuestro tercer día visitamos un refugio de elefantes, pero fue tan especial y tan auténtico que lo dejaremos para el domingo que viene.

Laura mirando un estanque de peces del templo y los grandes peces de colores le devuelven la mirada

Un nuni abrazo fuerte, viajeris.