Kuala Lumpur: Como vivimos un dia auténtico

Buenas viajeris del mundo:

Queríamos compartir con vosotros un día muy completo y especial por Kuala-lumpur y Petaling Jaya.

Pasamos de lugares super callejeros, al glamour más sofisticado, para terminar, otra vez, disfrutando del ambiente en un food market. ¡Allá vamos!.

Empezamos el día dándonos una vuelta por Little India, un barrio super auténtico de la capital. En cuanto pones un píe en sus calles, sabes donde estas. No hace falta ver, solo con oír la música que resuena en todos los locales y que lo invade todo, al más puro estilo Bollywood, ya tu cuerpo se sitúa.

 

Toda la zona esta llena de arcos muy ornamentados y coloridos, donde en más de uno, te dan la bienvenida a su pequeño mundo. Las tiendas que venden flores para las ofrendas, los altares con su correspondiente incienso y el olor a especias, es el perfume de esta zona.

 

Estábamos cansados de tanto turisteo, así que solo buscábamos pasar una mañana agradable y tranquila donde poder hacer cosas cotidianas. Decidimos hacernos las cejas con hilo, que buena falta nos hacía después de tanta montaña, selva e islas perdidas.

El local era una mini cabina, donde solo cabía una camilla y la persona que nos hacía los pelos, pero lo más original fué que estaba metida dentro de un videoclub de películas indias… Surrealista. Después de acicalarnos, entramos en otra tienda en busca de algún recuerdo. Encontramos de todo a precios bajísimos pero nada que nos entusiasmase, así que nos compramos unas pulseras al por mayor, de estas que te ocupan de muñeca a codo y nos hicimos fotillos de postureo bollywoodiense… Tanto hicimos el ridículo, que hasta nos pararon para hacerse fotos con nosotros.

Nuria y Laura con las manos en posición de oración y las pulseras recubriendo los brazos

Cuando llego la hora de comer, seguimos las indicaciones de un lugareño y terminamos en un bar donde los únicos no indios éramos nosotros, un lugar auténtico de verdad donde puedes mezclarte y vivir la realidad de la gente de allí.

Como no sabíamos, ni entendíamos cómo funcionaba el bar, el camarero decidió por nosotros. Nos puso unas hojas de banano como plato y nos repartió diferentes salsas y comida. Mucho arroz y mucho picante, para no variar.

Laura y Nuria en la mesa del restaurante indio. Delante hojas de plátano con arroz pollo rojo y mucha comida

Ya mas entrada la tarde, mi hermana y su novio nos tenían preparada una sorpresa, de hecho era uno de los regalos navideños que me habían hecho.

Disfrutamos de las torres Petronas y de la torre de Telecomunicaciones en lo alto de un helipuerto. Esta en la azotea de un rascacielos, anteriormente era una zona de aterrizaje de helicópteros que han reconvertido en un pub, se llama Helibar y puedes disfrutar de un cocktail servido por pilotos y azafatos/as. El bar propiamente dicho está en la última planta del edificio y para acceder al Helipuerto tienes que subir un tramo más de escaleras.

Laura en el helibar tomando un coctel

Estuvimos allí sentados, escuchando música, viendo atardecer con las torres Petronas de fondo y la torre de Telecomunicaciones cambiando de color con su iluminación tan especial.

Torre de comunicaciones iluminada en azul sobre la noche de Kuala Lumpur

Si váis a Kuala Lumpur, preguntad por este sitio porque es un cocktail, que aunque caro, merece la pena. Si quieres subir solo a contemplar las vistas, tienes que pagar entrada, que mas o menos te cuesta lo mismo que una copa, así que más vale hacer un dos por uno.

Torres Petronas al anochecer

Torres Petronas al atardecer

Para finalizar este día tan variadito fuimos a cenar a Petaling Jaya, Una ciudad situada a las afueras de Kuala Lumpur, que básicamente es una zona industrial y residencial pero que tiene un food-market espectacular.

Puedes encontrar comida de todo el mundo, no solo los platos típicos malayos, no. También tenían comida de todas partes de Asia, Europa y America. El sistema es muy cómodo, te acercas a los puestos, mientras paseas por la calle, eliges tu comida, en uno, dos o los puestos que quieras, les dices en que número de mesa estas sentado y cuando tu pedido está listo, te lo traen y te cobran.

Cenar en plena calle, con mesas de piedra, rodeados de olorcitos ricos y disfrutando de la noche no tiene precio…Bueno si, pero tan barato que nos da verguenza ponerlo. Como no podía ser de otra manera, nosotros nos pusimos hasta las cejas, para eso nos consideramos unos gordi-viajeros nivel 300.

Esta fué nuestra penúltima noche en Malasia y la recordamos con mucho cariño, pero el último día tuvo mucha miga también, así que… Nos seguimos leyendo .

¡Un Nuni-abrazo!