Laura y David con la isla de Perhentian detras

Islas Perhentian: Un paraíso en medio del mar

Hola viajeris del mundo:

Nuestro siguiente destino malayo fueron las islas Perhentian. Un par de pequeñas islas paradisíacas situadas en la zona más conservadora de Malasia.

Para llegar hasta allí, tuvimos que coger un vuelo interno desde Kuala Lumpur hasta Kota Bharu con la aerolinea Air Asia. No es complicado volar hasta Kota Bharu desde la capital ya que hay varios vuelos al día y con un coste bastante reducido. La duración del vuelo es como de unos 45 minutos.

Una vez llegamos a Kota Bharu, contratamos un taxi, con precio cerrado por el trayecto, que nos llevaría hasta Kuala Besut, el pueblo donde se encuentra el embarcadero para poder acceder a las islas.

Muchos hoteles de las islas tienen furgonetas privadas que realizan este recorrido, pero nosotros íbamos sin alojamiento reservado así que nos tocó pagar taxi.

En el embarcadero de Kuala Besut, coges una lancha de estas ultrarrápidas que te llevan a las islas. El trayecto cuesta 70 ringgits más la tasa por entrar en el parque natural, que al ser una persona con discapacidad no pagué y mi acompañante tampoco, ¡Ole por el detalle!

En la lancha estuvimos media hora, increíble, un recuerdo inolvidable el sentir cómo vuelas sobre las olas y el agua te salpica la cara.

He de reconocer que no iba muy emocionada a las islas, no soy muy de playa e imaginarme tres días rodeada de arena no me motivaba demasiado, pero una vez más Malasia hizo que me tragase mis palabras.

Es un paraje espectacular y para todos los públicos. Tiene la isla grande, Perhentian Besar, que es más tranquila, familiar e ideal para unos días de desconexión absoluta y en contra punto, tiene la isla pequeña, Perhentian Kecil, que es más animada, con chiringuitos, fiestas nocturnas y enfocada hacia unos visitantes más fiesteros. Nosotros nos alojamos en Kecil, no nos gusta tumbarnos en la playa vuelta y vuelta, así que buscábamos algo un poco más cañero.

El tema del alojamiento es un mundo aparte. Son cabañas de madera o materiales similares, muy, muy pero que muy básicas. Solo disponíamos de electricidad de ocho de la tarde a siete de la mañana, nada de agua caliente ni mucho menos cisterna de la que tirar, pero aún así, nuestra cabañita era ideal.

Situada enfrente de la playa, con un balcón de madera y todas las vistas y sonidos de la selva alrededor. Nos sentimos como en una película de supervivientes.
Pasamos casi todo el tiempo en la playa llamada Long Beach, bañandonos y haciendo un montón de actividades acuáticas.

Fue la primera vez que me subí a un kayak con mi hermana y he de reconocer que dimos mucha pena. Dábamos vueltas sobre nosotras mismas y nos chocábamos con los barcos que estaban atracados, muy triste la imagen, así que nos cambiamos de actividad, dejamos que Ahmed y David se pusiesen a remar y nosotras nos fuimos a hacer snorkel. ¿Snorkel siendo ciega? Pues si señoras y señores. Mi hermana iba describiéndome lo que veía y yo iba tocando corales y dándole de comer a los peces. Fue una experiencia super bonita tanto para David como para mi.

Otra de las actividades que hicimos, esta no apta para cardíacos, fue el sofá volador, o así lo hemos bautizado nosotros. Consiste, literalmente, en un sofá acuático, donde cada persona tiene sus apoya brazos para sujetarse y nada más…El sofá va enganchado a una lancha con una cuerda y esta la remolca a velocidades inimaginables por el mar. Juro que creí que iba a morir en ese sofa. Grité, me reí, le dije de todo al conductor y sobretodo me agarré al sofá como si no hubiese un mañana y aún así todos, en algún momento, creímos que íbamos a salir volando. Fue super divertido, si eres de esa clase de personas que te gusta sentir como te sube la adrenalina, eso si, las agujetas del día siguiente en los brazos, son bonicas.

selva y mar en perhentian

Otra cosa que nos enamoro de Perhentian son sus noches. Empiezas cenando una barbacoa en uno de sus chiringuitos, en mesas situadas en la arena y con un menú super barato y especial. Te sirven lo que han pescado durante el día, calamar gigante, atún, tiburón… manjares que no habíamos probado antes y mucho menos en la orilla de la playa. Después de esta super cena, te vas a unas esterillas de paja, en la arena, con unas mesas bajitas, con una vela en medio, rodeados de antorchas y mientras te tomas una copa, disfrutas de un espectáculo de música y bailarines con bolas de fuego. Nunca me hubiese imaginado ser tan feliz y sentirme tan agusto con arena por todo el cuerpo.

Nos gustaría destacar que las islas sólo están abiertas desde abril hasta octubre, ya que el resto del año hay tantas tormentas que es inviable abrirlas, incluso al terminar la época de lluvias, tienen que reconstruir la mayoría de cabañas.

Es un destino imprescindible si vas a Malasia, tanto si te gusta la playa como si no. Un paraje especial y espectacular donde sentirse en contacto con la naturaleza es inevitable.

Nos seguimos leyendo. ¡Un nuni abrazo!