Laura y David delante del infinity pool, foto en blanco y negro

La vertiginosa ¡Infinity pool! y… ¡Adios Malasia!

Buenas viajeris del mundo:

Nuestra última noche y último día en nuestra aventura malaya, fue el colofón de un viaje, sin duda, perfecto.

¿Como lo pasamos? Pues en un rascacielos, en un apartamento de lujo y refrescándonos en una infinity pool de vértigo, pero vayamos paso a paso.

A través de Airbnb, reservamos un apartamento para los cuatro en el rascacielos Regalia, que como su nombre indica, es un regalito para los bolsillos y el cuerpo.

 

Esta situado en Kuala Lumpur, tiene 37 plantas.
Nosotros nos alojábamos en la planta 22, en un apartamento super cuqui y muy moderno. El dueño nos dejó provistos de todo lo necesario y solo tuvimos que poner la comida. Teníamos una tarjeta que servía para el parking, la puerta del apartamento y que era indispensable para acceder a las piscinas.

Laura y David en la infinity pool

En la quinta planta se encuentra una piscina cubierta, que la verdad no pisamos para nada porque íbamos con la idea fija de la infinity pool, pero aún así, la piscina cubierta la pudimos ver desde el descansillo de nuestra planta.

Comímos, descansamos un poquito y fuimos directos a la planta 37, donde estaba la maravillosa y vertiginosa piscina infinita. Desde ella podíamos disfrutar de las torres Petronas y el skyline de Kuala Lumpur, estaba rodeada de césped artificial y tumbonas para relajarse al solete.

La sensación de bañarte en una piscina donde oyes el agua caer al vacío es inquietante, cuanto menos. Vimos atardecer sentados en el borde, pero tranquilos, había una barrera de protección.

Nos habíamos subido unas cervecitas y picoteo, al más puro estilo español, sin saber que íbamos a tener espectáculo en directo.

Como os digo, después de habernos bañado un rato largo, visto el atardecer y llevar un ratito sentados refrescándonos con las cervecitas de estrangis que subimos, empezaron a montar algo, no sabíamos el qué, entre varios trabajadores del edificio… Cuando pudimos asomar los cabezorros para cotillear un poco, nos llevamos una grata sorpresa… ¡Una pedida de mano! Oh, Dios, Mío, creo que aún no sabéis lo mucho que me encantan estas cosas moñas.

Flores de la pedida en el infinity pool, pone ¿Quieres casarte conmigo?

Era un corazón en el suelo, hecho todo con pétalos de rosa y en el medio, con velitas pequeñas encendidas, ponía ¿Quieres casarte conmigo?
Además, pusieron globos en forma de corazón, champan, música y las Petrona de fondo…¿Puede haber algo mas bonito?.

Mi hermana y yo nerviositas perdidas por si toda esa parafernalia era para alguna de nosotras y David y Ahmed, con poker face… pero no, la afortunada fue una lugareña, ejem,ejem.

La chica llegó, la música empezó a sonar y nosotros nos pusimos a grabar como locos. El chico, sudando la gota gorda, hincó rodilla y se declaró… ¡Dijo que si! Todos, bueno, todos no, los españoles nos pusimos a aplaudir y a gritar ¡Viva los novios! Y la verdad que con lo bonito que era todo, la futura novia fue un tanto sosa, ni besos, ni sonrisas ni palmaditas de emoción… En fin, cada uno es como es.

Bajamos a cenar y pedimos un Dominos Pizza, que viajeris, en Malasia es ultra baratuelo.
El apartamento nos costó 52 euros la noche, que a dividir entre cuatro personas, salía regalado.
Una experiencia, que si tenéis tiempo y os gusta este rollo, no os podéis perder y quizás, con un poco de suerte, vivís una pedida de mano en vivo como nosotros.

Al día siguiente salía nuestro avión por la noche y decidimos ir a comer a un sitio cercano de la casa de mi hermana y Ahmed, en Cyberjaya, pero la comida nos supo a pena por tener que irnos. Nos dimos un último baño en la urbanización y nos despedimos de la que había sido nuestra casa durante 17 días.
Tenemos que dar un abrazo gigante y un agradecimiento aún más grande a nuestros anfitriones Nuria y Ahmed, por habernos cuidado, guiado y haber hecho de nuestra aventura malaya algo tan inolvidable. Os queremos con la fuerza de los mares, Lulus y lo sabéis.

Si aún no sabéis como comenzó esta aventura podeis  empezar por aqui.

Nos seguimos leyendo. ¡Un Nuni-abrazo!

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